martes, 10 de julio de 2012

Divagando...




Nunca pensé que el instante que pasamos de espaldas a aquel camino(al nuestro, bueno, al nuestro no, al de cada uno) me dejaría así, desnuda de razón...
En nuestra tregua bajo el último sol de otoño, juntas pero no revueltas, absortas pero cercanas, confundidas pero sinceras, en silencio – porque las palabras sobraban, y es que hay tanto dicho y no-dicho entre tu mirada y mis an­sias interoceánicas – descubrí tres cosas:  las hojas de otoño crujen también bajo los pies descalzos, que el fresquito y rugoso otoño nos hace cosquillas en las plantas y que no necesito de brújulas para en­contrar tus latidos – el manto tricolor de hojas secas, el silencio, tus pies descalzos y los míos como únicos estetoscopios, como únicas guías -...

Nunca pensé que en ese fugaz deseo o sueño velado, compartido, en­contraría otro modo de sentirte, más cerca si cabe, en sangre, cerca del corazón – éste, el mío, el que anda con un lazo invisible hasta tu dedo meñique –

Un gesto, sólo fue un gesto, el de mi mano inocente apartando una pequeña hoja, ésa que me hacía cosquillas en el reverso de la mano izquierda, lo desembocó todo. Mi meñique rozó el tuyo, Algo tan sim­ple, algo tan sensible ¿cómo pudo remover mi cielo?

Fue ahí cuando tuve que cerrar los ojos para no marearme, porque en un instante, en ese parpadeo, me nacieron alas y volé entre tus sentimientos, recuerdos, vivencias, entre ese dolor que minó tus deseos… – con pedazos de vos grabados en mí, me rendí de nuevo al sueño, apoyada en la madera fría del banco, entre­lazando tu dedo y el mío – …

Nunca pensé que en unos segundos iba a descubrir más de mí en otro, que en todos estos años vividos... instantes que parecían infinitos ahora son suspiros, humo, nada, todo vuelve a la realidad, a otros sentidos, a otros caminos, sólo dos mujeres, cuando sos vos y soy yo otra vez.

Eso sí con ganas de volver a soñar...

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